Gobierno de NL vive en «Samuelandia», dice Judith Díaz
Una realidad alterna, nombrada por muchos como “Samuelandia”, se da en Nuevo León, pues mientras miles de ciudadanos de esta entidad pasan horas esperando un camión, el Gobernador del Estado, Samuel García Sepúlveda parece vivir en una burbuja, señaló Judith Díaz Delgado.
Dijo que en las calles, la historia es otra. Personas que salen de madrugada para llegar a sus trabajos, estudiantes que esperan bajo el sol o la lluvia y familias que dependen del transporte público tienen que hacer largas filas y esperar durante horas para poder abordar una unidad.
Díaz Delgado, señaló que el problema no es nuevo y tampoco es menor: significa tiempo perdido, retrasos en el trabajo, menos horas con la familia y una afectación directa al bolsillo de quienes menos tienen.
La aspirante morenista a la Coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nuevo León, expuso que mientras los ciudadanos padecen esta situación, el Gobernador presume que su administración ya llegó a la meta de 4 mil nuevos camiones y que incluso están por llegar 600 unidades adicionales. Ha llegado al punto de bromear con que le sobran camiones y que podría prestarlos a otros estados. ¿De verdad sobran camiones cuando hay ciudadanos esperando durante horas?.
La contradicción es evidente. El propio Gobierno estatal plantea como meta que el 40 por ciento de la población utilice el transporte público para reducir el número de automóviles y, con ello, disminuir el tráfico. Pero ¿cómo pedirle a la gente que deje el automóvil si no puede tener la certeza de que un camión llegará cuando lo necesita?.
Lo más preocupante es la explicación del Gobernador: dice que los camiones no llegan a recoger a los ciudadanos que esperan durante horas no porque falten unidades, sino porque existen las llamadas “horas pico”.
Se trata de una mala justificación. Las horas pico no son una sorpresa. Son perfectamente previsibles: ocurren cuando miles de trabajadores y estudiantes necesitan trasladarse al mismo tiempo. Precisamente para eso debe estar diseñado un sistema eficiente de transporte público.
Un gobierno no puede pedirle paciencia a una persona que lleva dos o tres horas esperando un camión y, mucho menos, burlarse de una realidad que millones enfrentan todos los días en una situación que se da cotidianamente.
Si realmente sobran unidades, que se vean en las calles donde hacen falta. Si ya llegaron 4 mil camiones, que se traduzcan en menos tiempo de espera. Y si llegaran más, que lleguen acompañados de rutas, frecuencias y una operación que responda a la demanda real.
Porque la verdadera medida del éxito no es cuántos camiones presume un gobierno tener, es cuánto tiempo de su vida deja de perder la gente esperando una de estas unidades para dirigirse a su trabajo, su escuela o de retorno a su casa.
