Es México rico en gas pero importa el 80%; expertos analizan cómo extraerlo para garantizar soberanía
Por Antonio Castro
Pese a que México posee un potencial de gas de 545 billones de pies cúbicos, lo que lo ubica en la sexta posición a nivel mundial, actualmente importa entre el 70 y 80 por ciento del combustible que consume, principalmente de los Estados Unidos, debiendo erogar una gran cantidad de recursos económicos.
Es por ello que, en busca de su soberanía en esta materia, la presidenta Claudia Sheinbaum integró un panel de expertos para explorar la posibilidad de extraer el gas localizado principalmente en la Cuenca ce Burgos y la Cuenca Sabinas-Burro Picachos, ambas ubicadas en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
Otra cuenca es la de Misantla-Tampico, pero ya fue descartada por encontrarse en una región densamente poblada.
Sin embargo, la tarea se ve titánica.
Por principio de cuentas, para la extracción de este recurso no convencional se requieren técnicas como la fracturación hidráulica —fracking— , cuya utilización a gran escala enfrenta limitaciones regulatorias, ambientales y de infraestructura de extracción en el país.
Cabe aclarar que, a diferencia de las reservas probadas convencionales, que son yacimientos tradicionales listos para producir con métodos tradicionales y con viabilidad comercial asegurada, los recursos no convencionales, como es este caso, son yacimientos cuyo gas se encuentra atrapado en rocas de lutita —shale— que requieren de fracking para liberar el combustible y poder extraerlo.
Para ello, se requieren grandes cantidades de agua, que no se cuenta en la región, por lo que habrían de perforarse cientos de pozos en busca de agua salada, para conservar el líquido dulce para consumo humano y los cultivos.
Tampoco se cuenta con gasoductos, vías de acceso, electricidad y otros múltiples recursos que son extremadamente necesarios para llevar a cabo la tarea.
El esfuerzo resulta loable desde la perspectiva de contar con una alternativa propia para la producción del gas que se consume principalmente en la industria, y no depender de terceros y de los vaivenes del mercado.
No obstante, al hacer un análisis comparativo sobre la conveniencia de continuar importando gas desde Estados Unidos o explorar la posibilidad de extraer el gas del subsuelo mexicano, se puede llegar a la siguiente conclusión:
Desde una perspectiva estrictamente de costo-beneficio financiero a corto y mediano plazo, resulta más conveniente continuar comprando gas a Estados Unidos. El excedente de producción estadounidense garantiza precios que difícilmente la Cuenca de Burgos o la Cuenca Sabinas-Sierra Picachos podrían igualar mediante fracking bajo las condiciones de mercado actuales.
El gas importado de Texas es el más económico del mundo —entre 2.00 y 3.50 dólares por MMBtu (Million British Thermal Units), que es la unidad de medida estándar empleada a nivel internacional para cuantificar la energía térmica, utilizada principalmente en el comercio y la cotización del gas natural—. Producir el gas mexicano podría hacer que el costo alcanzara los 4.50 y 6.00 dólares por MMBtu.
Seguir importando el gas no implica gasto alguno, más que el pago de las tarifas de transporte del producto. Producirlo en México significaría realizar grandes y continuas inversiones, sobre todo en la perforación de pozos.
Traer el gas de Estados Unidos brinda seguridad en el suministro del combustible, a no ser que ocurran grandes heladas o drásticos cambios en la política de ese país. En México se carece de la infraestructura necesaria para ello por lo ya descrito líneas arriba.
Es verdad que comprar el gas al extranjero significa una gran erogación de dinero, pero a cambio de conservan los bajos precios de la electricidad y no se somete a las finanzas mexicanas a una fuerte presión económica.
Sin embargo, algunos analistas del sector sugieren una solución mixta o de seguridad nacional, en la que México continúe aprovechando el gas barato de EE. UU. para el consumo industrial diario, al tiempo que invierte en almacenamiento estratégico de gas natural y desarrolla progresivamente campos convencionales o alianzas estratégicas en Burgos o Sabinas para contar con una reserva que mitigue los riesgos de dependencia.
