De la «Doctrina Monroe» a la «Doctrina Sheinbaum»: México para los mexicanos

De la «Doctrina Monroe» a la «Doctrina Sheinbaum»: México para los mexicanos

Por Antonio Castro

Mientras que Estados Unidos todo lo quiere arreglar con amenazas y garrote en concordancia con su “Doctrina Monroe” de “América para los Americanos”, las acciones de gobierno que lleva a cabo nuestra presidenta, que bien podríamos de calificar como la “Doctrina Sheinbaum”, apuntan a una soberanía de los pueblos con integración, cooperación y desarrollo con sustentabilidad. Es decir, de manera equilibrada o estable para garantizar su éxito.

Esto significa “México para los mexicanos”, “Panamá para los panameños”, “Brasil para los brasileños”, “China para los chinos”, “Estados Unidos para los estadounidenses”, etc., pero todos trabajando de manera armónica y cooperando entre sí para mejorar las condiciones de vida de la humanidad entera.

En tanto que la “Doctrina Monroe” se resumió en “América para los americanos”, una postura geopolítica bajo la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum respondería a la máxima de “soberanía con integración, desarrollo con sustentabilidad”.

De acuerdo a como se dan las cosas, el principio rector de la “Doctrina Sheinbaum” es el de soberanía compartida y pragmatismo regional, mientras que la “Doctrina Monroe” plantea la hegemonía de los Estados Unidos y la no injerencia de ningún país en América.

Donde Monroe trazó una línea militar contra Europa o cualquier país que intente penetrar comercial e ideológicamente en América Latina, la visión de la presidenta mexicana es la de que cada país mantenga su soberanía y un control estratégico de sus recursos críticos y sus recursos naturales.

Para lograr sus fines, los Estados Unidos recurren al control territorial y a la disuasión militar, en tanto que la “Doctrina Sheinbaum” apunta al co-desarrollo, el nearshoring y la diplomacia verde.

Si la “Doctrina Monroe” buscaba aislar al continente del resto del mundo para sus propios intereses, la “Doctrina Sheinbaum” asume que el mundo está ya interconectado, pero busca fortalecer el bloque regional —T-MEC— frente a Asia.

De esta forma, intenta aprovechar la relocalización de cadenas de suministro para convertir a México en el motor industrial sustentable de Norteamérica, así como atraer inversión extranjera privada y estadounidense pero bajo condicionantes de desarrollo regional, como canalizar industria al sur-sureste del país, exigir responsabilidad hídrica y priorizar el empleo local con salarios dignos.

El enfoque económico de la “Doctrina Monroe” es la extracción —explotación— de los recursos naturales de los países y su influencia mercantilista, mientras que la “Doctrina Sheinbaum” apuesta por la integración industrial, como el T-MEC, y a la soberanía energética.

En lugar de imponer la voluntad mexicana sobre América Latina —como dicta la “Doctrina Monroe”— el enfoque de la “Doctrina Sheinbaum” retoma la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, pero añade inversión para el desarrollo.

Ello, porque de acuerdo a este punto de vista la migración no se contiene con muros ni contención militar, sino atendiendo las causas estructurales en Centroamérica y el Caribe, principalmente, a través de una inversión social directa de parte de los Estados Unidos y la implementación de los programas sociales mexicanos, como el de “Sembrando Vida”. Se trata de una diplomacia regional basada en la prosperidad compartida para mitigar el éxodo migratorio.

Estados Unidos, pero principalmente su presidente Donald Trump, ven no sólo a México, sino a toda América Latina, como su “patio trasero”, en tanto que la “Doctrina Sheinbaum” se caracteriza por el humanismo mexicano y la cooperación para frenar la migración.

Frente al unilateralismo estadounidense de “América para los Americanos”, la “Doctrina Sheinbaum” sostiene la pertenencia geográfica y económica a Norteamérica sin cerrar puertas a ningún país.

Esto es, defender el derecho de México a comerciar y mantener relaciones diplomáticas o soberanas con cualquier nación sin aceptar presiones ni tutela externa sobre la política interna.

Si Monroe dijo: “Este continente es nuestra zona de influencia exclusiva”, la “Doctrina Sheinbaum” sostiene que México es un socio estratégico e industrial en Norteamérica, pero su soberanía energética, territorial y social no es negociable, y que la seguridad regional no se construye con intervención, sino con desarrollo, sustentabilidad e inversión en las personas.

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