ESPERPENTO
La campaña de Xóchitl Gálvez Ruiz, candidata a la Presidencia de la República por la coalición “Fuerza y Corazón por México”, incluido el proyecto de nación que pretende esbozar, está hecha un verdadero esperpento, como diría Epigmenio Ibarra.
De ninguna manera este calificativo es ofensivo, ya que si nos atenemos a la concepción literaria que Wikipedia atribuye a Ramón María del Valle Inclán, hacia 1920, se trata de una situación en la que se deforma la realidad, acentuando sus rasgos grotescos.
Y es que la campaña de Xóchitl también parece un Frankenstein, confeccionada a base de pedazos, ocurrencias contradictorias sobre temas diversos, a la que le falta únicamente el cerebro, como al mítico monstruo creado por la imaginación de Mary Shelley.
Una campaña sin rumbo definido y un proyecto de nación que no se ve nada claro, difícilmente puede convencer al electorado para que otorgue su sufragio en favor de este esbozo.
No basta la presunta simpatía de una candidata que a base de ocurrencias y risitas nerviosas, pretende convencer a la ciudadanía de que hay un rumbo definido y los instrumentos para llevarlo a cabo.
Se requiere mucho más que ataques a la figura presidencial y a la candidata Claudia Sheinbaum, para ganar la simpatía, confianza y el voto de la gente que mira como Xóchitl dice una cosa y al día siguiente se desdice de su afirmación.
El proyecto de los partidos que la apoyan vislumbra la privatización del petróleo y la electricidad; la eliminación de las pensiones y apoyos para grupos vulnerables, aunque la candidata diga lo contrario, y de eso hay evidencia a través de múltiples videos.
Lo que pretendió ser una candidatura ciudadana, terminó siendo un coto de los partidos, que secuestraron a la candidata y se repartieron posiciones privilegiadas y seguras en el espectro político nacional.
Las encuestas revelan una ventaja abismal para Claudia Sheinbaum Pardo, quien con mesura y sin tanta alharaca, ha planteado un proyecto de nación viable, con logros y expectativas palpables, sin caer en contradicciones que sólo generan desconfianza.
Sin embargo, sigue siendo válida la aseveración de que la encuesta definitiva se dará en las urnas, el próximo dos de junio, en que el pueblo de México decidirá si quiere seguir con una transformación ya iniciada, o prefiere regresar al régimen de privilegios de una plutocracia política y económica que por más de 30 años sumió a México en el atraso y el inmovilismo económico, político y social. La decisión está en el voto de los mexicanos.
