DEFENSOR DE LAS AUDIENCIAS: PROPUESTA PLAUSIBLE PERO “INGENUA” SI NO SE TOMAN LAS MEDIDAS CORRECTAS PARA SU BUEN FUNCIONAMIENTO
Por Antonio Castro
La propuesta del gobierno federal para que los medios electrónicos creen su propio código de ética y nombren a su propio defensor de las audiencias es loable, plausible y se comprende en el sentido de que no desea que se le considere un censor de la información, pero es también bastante “ingenua” si nos remitimos a los antecedentes de los medios de comunicación mexicanos, tramposos por naturaleza.
Si el defensor de las audiencias es nombrado, contratado y pagado directamente por la directiva o los dueños del propio medio, surge una dependencia laboral directa.
¿Qué ocurre cuando una audiencia se queja de un conflicto de interés comercial, una mala praxis editorial ordenada desde la dirección, o una campaña dirigida contra un actor político?
La mancha ya quedó y tardará meses en borrarse, si es que se borra.
Un defensor financiado y subordinado al medio puede convertirse en una figura cosmética: una oficina para recibir quejas que termina justificando la postura de la empresa en lugar de velar realmente por la audiencia.
Permitir que cada medio elabore su propio código de ética sin criterios mínimos compartidos o participación del público puede generar «códigos de papel».
Si el código no establece mecanismos claros de sanción, rectificación o derecho de réplica, o si define la ética con ambigüedades deliberadas, el compromiso con el público se vuelve sumamente laxo. Con ello se crea un estándar desigual, en el que el cumplimiento depende del grado de compromiso voluntario de cada empresa periodística, sin consecuencias reales en caso de faltas graves.
Cuando el marco de autorregulación es completamente endógeno (de la empresa para la empresa), la figura del defensor corre el riesgo de funcionar más como un departamento de relaciones públicas o de gestión de riesgos legales para el medio, que como un árbitro neutral al servicio del ciudadano.
Para que un modelo donde los medios autorregulan sus propios códigos y defensores sea realmente efectivo y creíble para la audiencia, suele requerir ciertas condiciones de autonomía:
1.- Que el defensor tenga un contrato blindado durante su periodo para que no pueda ser despedido por emitir recomendaciones contrarias a la línea editorial o comercial de la empresa.
2.- Que la audiencia, la academia o colegios de periodistas participen o supervisen la terna para la elección del defensor.
3.- Que las decisiones y recomendaciones del defensor sean vinculantes en términos de rectificación y deban publicarse o transmitirse obligatoriamente en el mismo medio y espacio de mayor audiencia.
4.- Coexistencia con Consejos de Prensa independientes (integrados por periodistas, académicos y sociedad civil) a los que la audiencia pueda acudir si el defensor interno del medio no responde o actúa de forma parcial.
En México sabemos, estamos conscientes y convivimos diariamente con una prensa tramposa, que es lo menos de lo que se le puede calificar.
Antes de publicar sus códigos de ética y nombrar su defensor de las audiencias están ya elucubrando la manera de brincarse esos “pequeños” obstáculos para salirse con la suya.
Es tarea de todos nosotros estar vigilantes para que ello no ocurra, a menos que prefiramos continuar recibiendo toda la “basura” informativa con que nos atiborran diariamente.
