Inicia Waldo cabildeo con senadores de EU con miras a tender puentes previo al T-MEC

Inicia Waldo cabildeo con senadores de EU con miras a tender puentes previo al T-MEC

De cara a la reconfiguración de la política comercial de Estados Unidos, previo a la revisión del T-MEC, el senador por Nuevo León, Waldo Fernández González, se mostró a favor de construir puentes, antes de que escale el conflicto comercial y en lugar de reaccionar con medidas espejo, activar la diplomacia legislativa directa con actores que representan economías locales que dependen del comercio entre Estados Unidos y México.

Ante ello, el legislador morenista inició el envío de cartas a cerca de 50 senadores estadounidenses cuyos estados mantienen alta integración industrial con México, con el objetivo de abrir un canal directo de interlocución parlamentaria, concretar una reunión y advertir sobre los efectos reales de la escalada arancelaria bajo la Sección 232.

La  Sección 232 es un apartado  de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite al gobierno de Estados Unidos imponer restricciones comerciales, específicamente aranceles, a las importaciones si considera que estas representan una amenaza para su seguridad nacional.

La estrategia del senador es clara, en el sentido de  construir puentes antes de que escale el conflicto comercial. En lugar de reaccionar con medidas espejo, busca activar diplomacia legislativa directa con actores que representan economías locales que dependen del comercio con nuestro país.

“Nuestra responsabilidad es defender empleo e inversión en la región más integrada del mundo. La seguridad y la prosperidad se sostienen con cooperación estratégica, no con fragmentación comercial”, puntualiza.

Con esta acción, Waldo Fernández asume un papel activo en la defensa de la competitividad regional, posicionando a Nuevo León y a México como actores responsables que apuestan por certidumbre, reglas claras y estabilidad de largo plazo en América del Norte.

Esto ocurre días después de que la Corte Suprema de Estados Unidos invalido el uso de la ley estadounidense de 1977 que otorga al Presidente de Estados Unidos amplias facultades para regular el comercio y las transacciones financieras ante una «amenaza inusual y extraordinaria» a la seguridad nacional, la política exterior o la economía( IEEPA) para imponer aranceles, lo que ha desplazado la estrategia comercial hacia herramientas como la Sección 232 por razones de seguridad nacional y, que posteriormente se confirmó la aplicación de la Sección 122 que aplica un 15 por ciento de aranceles a las importaciones por un máximo de 150 días para subsanar los déficits comerciales.

A pesar, de una disminución en la de aranceles, prevalece la presión sobre sectores estratégicos como acero, aluminio y manufactura integrada en América del Norte.

Fernández González, subrayó que la discusión no es ideológica sino económica: aranceles amplios en insumos industriales encarecen costos, alteran cadenas de valor y reducen competitividad regional frente a Asia.

La Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos ha documentado que los aranceles 232 elevan precios internos y afectan industrias que dependen de estos insumos.

“El debate no puede reducirse a balanza comercial. Somos una región productiva interdependiente. Cuando se encarece el acero en un lado de la frontera, se encarece la manufactura en el otro”, señala el senador en las misivas enviadas.

El contexto es particularmente delicado. El primero de julio de 2026 inicia formalmente la revisión sexenal del T-MEC. Con un comercio bilateral que alcanzó en 2025 los 801 mil 800 millones de dólares y con México consolidado como principal socio comercial de Estados Unidos en bienes, cualquier señal de fragmentación genera incertidumbre en sobre sectores estratégicos que afectan sobre la inversión, el empleo y los propios mercados financieros.

Desde Nuevo León, uno de los principales polos industriales de México, el senador advirtió que elevar aranceles de 25 a 50 por ciento en sectores estratégicos no solo impacta a productores mexicanos, sino también sobre plantas, proveedores y consumidores estadounidenses en estados como Alabama, Texas, Michigan y Ohio, altamente integrados a la manufactura regional.

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